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sábado, 30 de marzo de 2019

Capítulo 1 Beta

Capítulo 1
Lifestyler's city, una ciudad fundada con el propósito de ser la ciudad de la libertad, el negocio y la prosperidad, la más grandiosa urbe que el Imperio Anglohispano y el mundo hubiese visto jamás. Sin embargo, desde sus inicios, la violencia y la corrupción han arrasado a la ciudad. Los habitantes, cansados de estar bajo el yugo de los anglohispanos, que sometían tanto a los colonos como a los nativos, se rebelaron y, tras años de guerra, consiguieron liberar a la ciudad del Imperio. Pero la ola de violencia no terminaría ahí, pues Lifestyler se vería amenazada por muchos de sus vecinos.

La joven nación logró defenderse bien durante las grandes guerras (hace ya unos sesenta años), pero sucumbió ante la brutal Guerra Lokata, que borraría por completo del mapa a todas las pequeñas poblaciones del país y devastaría a Lifestyler's city. Los lokatos eran despiadados, pues lo que ellos buscaban no era la conquista ni la dominación, ellos únicamente buscaban la destrucción de cada pequeña población del mundo, ocasionando millones de muertos y cientos de pueblos destruidos en Lifestyler. Pero el mundo sabía bien que no se detendrían ahí, y dos años más tarde iniciaron con una invasión a Surmarquía y Anglohispania que aniquilaría amiles y millones de personas más. Tras doce años de guerra, finalmente estos dos países en conjunto, lograron acabar con los Lokatos y pacificar el territorio, pero el daño era inmenso. Cientos de familias destruidas y aterrorizadas poblaban la destruida ciudad y temían que, si los Lokatos llegaban a resurgir, ellos serían los primeros en ser ejecutados por traicionar la causa.

Surmarquía adoptó entonces a lo que restaba de la herida nación en su unión, convirtiéndola en otro de sus estados y ayudandola en la reconstrucción de la ciudad, imponiendo un órgano de control que coordinara a las ramas del gobierno y estabilizara al pueblo Lifestyleriano, la Cámara Legal. Richard Anordeen fue nombrado primer ministro de Lifestyler y él órdeno una inquisición por todo el territorio, que fue diezmando a los fieles del Lokatismo poco a poco; pero sus esfuerzos no fueron suficientes, pues años después, un grupo criminal llamado Exotic empezó a atacar primero a los sectores más pobres y luego, a toda la ciudad.

Tras años de gran esfuerzo en la reconstrucción, Lifestyler se ha convertido en una enorme y próspera metrópolis, con kilometrós de rascacielos y un mar de edificios que se extiende hasta el horizonte. La ciudad se llenó de extranjeros y comerciantes surmarqueces, los cuales apoyaron en devolverles a sus pobladores la paz que habían añorado por una década entera... o al menos una parte de ella. Hace un año que el grupo criminal Exotic intensificó aún más sus ataques terroristas y extorsiones a lo largo de toda la ciudad, infundiendo nuevamente el terror sobre la población. 

Para contraatacar a Exotic, Cornelious, jefe de la Cámara Segura (órgano encargado de la seguridad de la ciudad), junto con el el nuevo presidente Joseph Uptown crearon al Departamento de Fuerzas Anti-Terroristas de Lifestyler's City, la DFA. Estas fuerzas especiales están equipadas con la más alta tecnología para el combate, incluso armas experimentales y un traje blindado que les dan habilidades adicionales que les permiten actuar mejor en entornos urbanos y de atmósfera peligrosa, ambos usados para llevar al máximo las capacidades de sus soldados y hacerlos más efectivos en las duras batallas contra Exotic. Si bien el grupo lo integran todo tipo de personas, muchos de los mejores veteranos de la guerra de Surmarquía y Anglohispania se unieron para evitar que los Lokatos resurjan y vuelvan a imponer el terror sobre el mundo. Entre ellos estaba Jonh f. Thunder, un joven soldado veterano proveniente del legendario Clan Thunder de Anglohispania, el clan que más dio lucha a los Lokatos durante la guerra. 

Jonh fue el único sobreviviente de su escuadrón tras ser traicionados y emboscados repentinamente por uno de sus propios compañeros. Aquel día no sólo perdió a sus compañeros, también perdió a su mejor amigo Carlos y a su hermano adoptivo, James. Tras vivir ese suceso, él, al igual que muchas otras personas, decidió que no permitiría que lo msimo que ocurriera a nadie más y detendría la violencia, cueste lo que cueste.

Pero había algo que no se esperaba, ese mismo año se encontraría a dos de las personas que él creía muertas, para bien o para mal...
[...]
Aquel día era ligeramente caluroso, grandes nubes zurcaban los cielos por encima de una gran y reluciente metrópolis, llena de rascacielos con ventanales gigantescos, amplias pero aún así atascadas carreteras y tranvías que sobresalían de entre las calles y pasaban sobre estas para transportar a los cientos, miles y millones de Lifestylerianos que trataban de ir o regresar de sus trabajos. Atravesando una pequeña bahía que contaba con una estrecha abertura que llevaba al mar (el cual estaba a la orilla de la ciudad junto a los rascacielos) había un sector costero mucho menos denso de la gran ciudad, con edificos que como mucho llegaban a los cinco o seis pisos, seguido de otra y mucho más grande zona en el cual parecía que sus edificaciones pertenecían a otra ciudad mucho más pequeña, de máximo tres pisos y mucho más modestas y rústicas. 

El primero (de edificios medianos) se extendía sobre lo que parecía haber sido en el pasado un lugar lleno de colinas, con calles que subían y bajaban, y el metro, que de vez en cuando se metía por túneles sólo para salir por otra apertura del suelo unos minutos más tarde. En una de las calles más anchas que se veían en la zona, caminaba un hombre joven de piel relativamente clara, con un cabello negro muy oscuro, cara alargada y ojos color verde esmeralda. Era alto y su cabello era especialmente llamativo, pues se veía casi tan voluminoso como una melena: sus patillas eran dos largos mechones que colgaban sobre sus mejillas y el resto de su cabello se mantenía en pie, pero al borde de precipitarse y empezar a verse femenino. Lo único que evitaba que esto pasase era que su cabello se enredabba gruesos mechones, que le impedían caerse. Iba vestido con un pantalón de vestir oscuro y una chamarra café claro desabrochada, dejando ver una camiseta negra debajo de esta. 

-Maldita sea... ¿De verdad he llegado a este extremo?- dijo el hombre agarrándose la greñuda cabeza con una mano y sosteniendo con la otra lo que parecía un monedero negro extremadamente viejo y arrugado (parecía sacado de una feria colonial de hace doscientos años). Dentro de él tan sólo quedaba una moneda de oro muy brillante que tenía grabado un "1" en una de sus caras y un escudo que llevaba inscrito "Cámara Legal de Lifestyler city" -O... Otra vez me quedé sin dinero...-

El muchachó sacó del monedero la única moneda que contenía y la empezó a inspeccionar, como si esa fuese la última vez que vería una parecida. Luego, la apretó en su mano y siguió caminando por la amplia banqueta que había al lado de la atascada carretera. La banqueta tenía jardineras a lo largo, las cuales por su parte tenían árboles no demasiado grandes que daban sombra y cubrían a la gente que pasaba por ahí de los potentes rayos de sol que las nubes dejaban friltrarse. 

-Bien... me queda un sun, debo usarlo sabiamente si quiero sobrevivir hasta conseguir más, ya hallaré a alguien a quien estafar...- dijo de manera vacilona el hombre a medida que seguía caminando colina abajo al lado de la carretera, pasando por en frente de un puesto de comida normarqueza, un país mucho más al norte de Lifestyler, incluso más allá de Anglohispania -Veamos... podría utilizar este sun para comer en un restaurante y luego dormir junto a la basura... o para alquilar una cómoda habitación y luego comer en la basura...- pero en eso un hombre de aspecto malhumorado salió de la puerta lateral del mismo local de comida normarqueza y soltó en un bote de basura metálico un montón de porquería que parecía difícil que hubiese sido comida- Cómo odio esto...-expresó finalmente con una sonrisa de ansiedad, reclinándose sobre sus rodillas.

En eso, se escuchó unas pisadas apresuradas a unos cuantos metros de ahí, lo cual hizo al muchacho levantar la mirada. Era una chica muy bonita, de aspecto joven (unos veintidos años como mucho), cabello largo color café oscuro, relativamente alta y delgada, con ojos negros. Iba vestida con un suéter oscuro de rompevientos con franjas amarillas y un pantalón ajustado igualmente negro: parecía que iba bastante apurada, acomodándose un fleco mientras caminaba a paso veloz.

<<...O quizá podría aprovechar el dinero en algo más benéfico...>> dijo el joven y empezó a mirar agitadamente hacia todos lados, como buscando algo. Finalmente corrió hacia uno de los árboles que había ahí y se recargó sobre su tronco, poniendo una pose relajada con los brazos cruzados y un pie cruzado junto al otro, mientras la joven se limitaba a verlo con rareza.

-Hola nena- dijo con una asquerosa voz "seductora", dirigiéndose a la chica, la cual volteó a verlo con una cara de confusión que era perfectamente comprensible.

-Este... hola...- respondió la chica entre dientes.

-¿No quisieras ir a algún lugar a tomar algo?- siguió el joven con el mismo tono.

-...Ay... lo siento, estoy ocupada- continuó la chica mientras intentaba seguir con su camino.

-Puede ser luego- insistió el joven, sacando y desarrugando un papel de dentro de su chamarra, el cual contenía un extenso y complicado número:

47-6-4-13-17-14-22-33-11-27-35-50

-Aquí tienes mi número de radiotransmisor- dijo, entregándole pedazo de hoja a la chica -Llámame más tarde, cuando tengas tiempo-

-Em... Por supuesto...- contestó la chica, agarrando muy suavemente el papel e inmediatamente siguiendo con su paso apresurado. El joven se le quedó viendo un momento, para poco después volverse a su rumbo.

<<Ja ja ja, soy todo un maestro con las chicas, el plan fue a la...>> iba pensando con una sonrisa en su cara, pero de pronto escuchó un papel romperse con violencia atrás de él. "Tarado" dijo la chica al tiempo que despedazaba la hoja que le acaban de entregar y dejaba volar sus pedazos por el aire. <<Maldita sea, ¡El plan era perfecto!. No... debí hacer algo mal... veamos>> empezó a decir en su mente mientras sacaba otra hoja, doblada perfectamente en cuatro partes, y la abría azotándola contra el aire. La hoja tenía como título "Plan para ligar de James, versión 2" y contenía aparentemente cuatro pasos en total, escritos y detallados con marcador.

El joven comenzó a repasar los pasos "Buscar una posición que te beneficie... Hablar en tono seductor...". Finalmente, llegó al cuarto y último paso: "Pídele su frecuencia de radiotransmisor". En ese momento fue cuando lo entendió <<¡Mierda! ¡Es cierto! Se suponía que yo le pediría su frecuencia, no que yo lo daría la mía...>>, dándole una intensa sensación de ser estúpido. Guardó el papel en su bolsa sin nada de ánimos y nuevamente abrió la mano que contenía el sun de oro. Se le quedó viendo un momento y luego empezó a juguetear con el, lanzándolo al aire y atrapándolo cuando caía <<Bien... supongo que comeré en el restaurante y...>> pero en eso, un hombre completamente cubierto con una camarra con capucha, pasó a su lado y le arrebató el sun mientras estaba en el aire, para después salir corriendo.

-¡Hey, maldito! ¡Eso es mío! ¡Lo necesito!- empezó a gritar el joven a medida que corría persiguiendo al hombre, el cual se metió por el mismo callejón donde se encontraba el bote de basura lleno de restos de comida. Pronto se dio cuenta de que este llegaba muy profundo, se extendía por lo menos por unos treinta metros de distancia y al fondo se alcanzaba a ver una zona central bastante oscura. El hombre encapuchado dio la vuelta hacia la izquierda cuando llegó al patio que había en el medio, siendo perseguido por el joven, que iba unos cinco metros atrás. Pero, al llegar ahí, no había rastro de aquél hombre.

<<¿A dónde rayos se metió?>> pensó mientras exploraba aquél lugar. Era sombrío, pues la mayoría de la luz era tapada por un edificio de tres pisos con el que limitaba el patio. Sólo tenía dos salidas, una por la cual había entrado y otra que se extendía por aún más distancia, en la que se veía otra calle muy traficada. Empezó a observar los rincones del patio, hasta que vio un rincón tan oscuro que en él no se veía nada y que tenía un gran charco que ondeaba con rapidez, algo muy sospechoso.

-No creas que te esconderás tan fácilmente- exclamó el joven al rincón -Sal de ahí y entrégame mi dinero.

-Creo que me corresponde decirte lo mismo, James f. Thunder- dijo una voz muy siniestra que provenía del rincón -Cuánto tiempo- pronunció muy lento esta vez la misma voz mientras las figuras de tres personas se asomaban a la luz. 

El hombre del lado izquierdo era un hombre con una camiseta gris de manga corta, pero que tenía mangas más oscuras y largas por debajo, que se extendían más allá de la camiseta, terminando de cubrir la mayoría de sus brazos. En el cuello tenía una especie de mascada naranja que le cubría parte del pecho, y en la cabeza, una boina roja con un escudo dorado que mostraba un mazo con una espada en vez de mango, símbolo del Lokatismo, pero que también tenía dos pequeñas franjas negras que lo rodeaban en cada esquina inferior y un arco del mismo color arriba del mazo. El del lado derecho era el mismo hombre encapuchado que le había quitado en la moneda y, en el medio, se veía a un hombre alto y corpulento, con la cara ancha, los labios gruesos y un cabello lacio color dorado de aspecto pegajoso.

-¿Cómo has estado, James?- preguntó el hombre con un tono muy arrogante. Sin embargo, si bien le tenía miedo, la verdad es que James no parecía recordar exactamente quien era.

-Sí... em... este... <<¿Cuál era su nombre?...>> - empezó a decir nervioso. La expresión del hombre pasó de mostrar una sonrisa vacilona a una cara de odio. -¡Boston! ¡Claro!... No estarás enojado por ese pequeño engaño que te hice en Lombarguía, ¿O sí?.

-Ni lo menciones- dijo lentamente, para después retornar a su sonrisa maligna -Mi dinero, lo robaste maldita rata sucia. Confié en tí y por tu culpa quedé en bancarota. Tardé un año en lograr tener un techo en el cual vivir y entonces lo decidí: tenía que hacerte pagar por lo que hiciste-. En ese momento, los dos hombres que tenía a los lados sacaron un par de alargadas escopetas y apuntaron con ellas a James. 

-¡Vamos, Boston! Tú eras el que quería robarle a ese rico idiota que nos encontramos en el casino en primer lugar, sólo te di una lección- dijo James con tono vacilón al tiempo que se hacía para atrás, tratando de salir lentamente del patio, pero una reja se cerró detrás de él, y pronto notó que había un cuarto hombre bloqueando la entrada a sus espaldas-...Además, necesitaba el dinero para salir de la ciudad...-

-Y por lo que veo, lo usaste tan responsablemente que ya te lo acabaste todo- dijo con tono amargo Boston -Dime, ¿Qué rayos hiciste con los 10,000 suns que tomaste prestados?- preguntó esta vez con un tono arrogante.

-Bueno, primero los utilicé sólo para pasajes y luego... supongo que quise divertirme un poco... ya sabes, en las grandes urbes surmarquezas...- admitió James riendose de manera nerviosa.

-Yo supongo que tendré que cobrártelos de otra manera- declaró Boston de manera cortante al tiempo que los hombres que lo acompañaban bombeaban sus escopetas. James empezó a retroceder, ahora hacia otro de los rincones que tenía el patio. -Ahora, yo te daré una lección a tí, pero quizá ya será demasiado tarde para ponerla en práctica...

A James se le dificultaba cada vez más pasar saliba, estaba aterrado por la situación y seguía retrocediendo, con la pequeña esperanza de que algún camino que no había notado nadie lo sacase de ahí. Finalmente se pegó a la pared que tenía tras él y pegó las manos a ella, pero al hacerlo, un fuerte chispazo lo sacudió, dejándole un fuerte temblor en la mano. James volteó y notó una caja metálica de la cual salían pequeños rayos de electricidad.

<<Lo tengo...>> pensó James al tiempo que sacudía discretamente el brazo tras su espalda, dejando caer y colgar un hilo metálico que parecía salir del interior de su manga, el cual sostenía unas placas de metal redondas que parecían hechas para cubrir las puntas de los dedos índice y corazón.
-Está bien. Ya que de cualquier manera, pareces decidido a matarme, sólo te pido que contestes mis dudas antes de morir- le dijo James, imitando voz de resignación -Para empezar, ¿Cuánto les pagaste a estos tipos para que te ayudaran?- preguntó, mientras que se instalaba las placas de metal sobre las puntas de los dedos y pegaba éstas a la caja eléctrica.

-Son parte de mi pandilla, los únicos que se quedaron en ella- respondió Boston con arrogancia.
-Vamos, no me digas que esa banda de inútiles que era tu pandilla ahora saben de hecho cómo se maneja un arma- respondió vacilante James, lo que sólo enfureció más a Boston -Segundo, ¿Cuánto exactamente llevas planeando esto?, parece una total coincidencia que me hayas encontrado y estuvieses aquí esperando a mi llegada en un lugar tan específico-

Una fuerte corriente de electricidad empezó a recorrer el hilo metálico que se posaba bajo la manga de James, produciendo un fuerte ruido que Boston ni sus hombres eran capaces de escuchar tan sólo porque sus gritos de furia sonaban aún más fuerte.

-Es hora de que te calles y recibas tu destino- dijo Boston con una incontrolable ira en su voz y en su cara, y empezó a caminar con fuertes pisadas hacia James, que se mantenía donde mismo.

-Supongo que este es el fin. Por lo menos, acepten que les de una despedida energizante- dijo James, mientras apartaba los dedos de la caja eléctrica, los levantaba y apuntaba hacia Boston. En ese momento, un potente rayo salió disparado de las puntas de sus dedos y pegó en el gran charco que tenían bajo sus pies, electrificándolos a todos, excepto a James, cuyo cuerpo parecía, por el contrario, redirigir la electricidad hacia el charco.

Los cuerpos de los tres hombres empezaron a convulsionar sin control a medida que una serie de rayos azules recorrían su cuerpo. Finalmente, el rayo cesó, y los tres cayeron despavoridos al charco que había a sus pies, salpicando gotas de agua por todo el lugar.

-Espero que hayas entendido la lección Boston. Ya sabes que a mi me duele más esto que a tí -dijo James al inconsciente Boston, agachándose en cunclillas para poder alcanzarlo. Acto seguido, se levantó rápidamente y, cuando estaba a punto de irse, notó un bulto en el costado de su pantalón. Vio entonces una cartera de cuero de la cual sobresalían unos cuatro billetes dorados.

<<Pensándolo mejor...>>

James se acercó caminando lentamente a Boston, que había comenzado a vertir saliba en el charco (estaba boca abajo), y se puso a esculcar en el bolsillo que tenía en el costado para sacar de él la reluciente billetera café. Empezó a inspeccionarla, notó que esta contenía en total cinco billetes dorados y relucientes con un "100 S" inscrito,  otros catorce suns en monedas de oro, y treinta y siete shines, repartidas en varias monedas de color plata reluciente que contenían los valores "1, 10, 5...", similares a los suns pero más pequeñas (en proporción su valor, que iba de uno a cincuenta shines). James checó en los apartados para tarjetas y encontró una identificación con una foto reciente Boston, pero que en su lugar tenía el nombre de "Doggert Elias Vilinskev" inscrito.

<<Dios... esta es la peor falsificación de identidad que he visto. Si debías cambiarte el nombre, por qué no ponerte algo mejor...>> dijo James mientras dejaba caer la identificación al suelo, la cual empezó a flotar ligeramente sobre el charco <<Te lo dejo como un recordatorio de tus malas acciones. Por ahora, creo que aceptaré esto como compensación por tu impertinencia...>>

-Qué original manera de obtener dinero...- dijo una voz femenina a sus espaldas. James palideció, si alguien lo veía ahí significaban grandes problemas seguros. Volteó lentamente hacia su espalda y divisó sobre el techo de una habitación que sobresalía de un edificio mucho más alto, a una joven de cabello café claro y relativamente corto, con unos relucientes ojos dorados que contrastaban con el sombrío patio en donde se encontraban. Estaba recargada contra una de las paredes y no parecía muy alterada por la escena -Parece que una no puede tomarse plácida siesta en las azoteas de esta ciudad sin que un grupo de idiotas vengan a arruinarlo... curioso artilugio que llevas ahí por cierto- dijo señalando a las placas de metal que tenía enrolladas en los dedos -Aunque deberías soltar esa billetera y salir de aquí ahora...-

-¿Y a tí qué te interesa lo que haga?- dijo James mientras sacudía imprudentemente la cartera en el aire.

-¿A mi?- dijo nuevamente la joven mientras que observaba una de las nubes para después volverse a incorporar rápidamente -No, en realidad no me interesa. Pero pensé que quizá a tí podría interesarte que alguien te viese con una cartera robada en la mano y junto a un trío de cuerpos electrocutados...-
Entonces, James notó que la reja que daba con el callejon que llevaba a la carretera estaba abierta y de ella salía un hombre uniformado corriendo que procedió a apuntar a James con una pistola.

-¡Alto ahí! No te muevas o te irá peor- dijo el hombre, que James notó rápidamente que era un policía vigilante, el rango más bajo en el Departamento de Policía -Aquí la unidad 2036 de Clinton Hills, reporto un robo con tres víctimas inconscientes en la intersección de los callejones que hay entre las calles Clinton Drive y Jannet Street- empezó a decir el oficial mientras con la otra mano mantenía presionado un amplio gatillo (sobre el que podía poner su mano entera) que estaba ajustado a un aparato similar a una radio.

-Bueno, creo que lo mejor será que me vaya- dijo la chica con una sonrisa nerviosa mientras se levantaba, el policía la volteó a ver confundido -¡Suerte!- dijo finalmente levantando su mano en señal de despedida y empezó a trepar velozmente la pared por medio de los marcos de las ventanas y otras partes que sobresalían del muro.

-¡Hey! ¡Señorita! ¡Deténgase! ¡Usted también debe quedarse! - gritó angustiado el policía, bajando un poco el arma. Era la única oportunidad. James corrió hacia la caja eléctrica y nuevamente pegó sus dedos sobre la tapa de la caja. Otro rayo (mucho más pequeño) salió de la punta de sus dedos por la otra mano, dándole un pequeño chispazo al oficial que lo dejó en el suelo, parcialmente paralizado. James salió a gran velocidad por el otro acceso que había al patio, dejando al hombre tirado, que todavía trataba de reincorporarse.

Cuando James ya se había ido, el hombre empezó a acercar nuevamente su mano temblorosa al gatillo de la radio, y reportó otra vez:

-Aquí unidad 2036, Clinton Hills- dijo con gran dificultad sosteniendo su peso con una mano- He sido atacado por el sospechoso, con un arma experimental que lanza relámpagos... -Tras decir esto, el hombre comenzó a toser con fuerza mientras empezaba a poder levantarse mejor.

-Entendido- dijo una voz femenina con tono serio en la radio -Atención a todas las unidades: se les informa que el caso 123 ha subido a un rango A3, el sospechoso cuenta con armamento no autorizado por la Cámara Legal. Si se encuentra cerca de la zona, se le ordena que asista inmediatamente.
 
[...]

-Bien... parece que tenemos trabajo- dijo un joven con pelo café muy claro, casi llegando a ser rubio, de piel bastante pálida, con ojos de color ámbar.

-¿No nos pueden dar ni un maldito descanso?- dijo otro hombre, con un poco más de edad, de cabello castaño, ojos cafés y con la cara ligeramente ancha, mientras soltaba con rabia la hamburguesa que tenía en la mano sobre una mesa que tenía en frente. Los dos vestían una sudadera de rompevientos con franjas amarillas y estaban sentados en un pequeño puesto ambulante que apenas contaba con una cocina instalada en un carrito, una banca, una mesa y una carpa que daba sombra a los clientes y al que atendía. El señor encargado del puesto sonreía de manera nerviosa al notar la ira de su cliente, posiblemente cuidando que no desatara ésta sobre la mesa. -En fin...- dijo nuevamente mientras se ponía de pie y se limpiaba la boca con una servilleta, la hacía una bola y la arrojaba fuerte contra el suelo -Vamonos, Eric-

-Em... Jonh, ¿No iremos por los trajes primero?- preguntó Eric confundido.

-Tardaremos demasiado en ir por ellos- dijo tranquilamente John -Además, es un sólo sujeto, creo que nos están sobreusando. Vayamos despacio, no quiero revolverme el estómago...-

[Continuará...]

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